6. La principal diferencia entre los
que han fracasado y los que han tenido éxito son sus hábitos y sus costumbres. Los buenos
hábitos son la clave para conseguir el éxito. Los Malos hábitos son la puerta
abierta al fracaso. Así que hay una gran ley que tengo que obedecer si quiero
triunfar, me formare buenos hábitos, buenas costumbres. Cuando era niño era
esclavo de mis instintos. Ahora ya mayor, seré esclavo de los hábitos. Puesto
que seré esclavo de los hábitos, lo seré de los buenos y no de los malos. Tengo
que desterrar de mi vida toda mala costumbre
y dedicarme a conseguir buenas costumbres. Estas serán el gran tesoro
para mi existencia. Tengo que adquirir la buena costumbre de leer cada día
algo provechoso. Ningún día sin leer algo que me forme mi
personalidad. Hasta que adquiera la costumbre de leer. Un día que se me pase
sin leer es ya un empobrecerme y nunca lograre
recuperar ese día perdido. Los pocos días que dedico a mis lecturas de
temas que formen mi personalidad serán de un precio insignificante comparados
con el éxito y la felicidad que voy a conseguir con la buena costumbre de leer.
Si leo temas que aumenten mi cultura caminare erguido entre los hombres y no me
reconocerán, porque soy una nueva persona, con una nueva vida. La conversación,
quien cada día lee algo formativo puede llegar a ser muy atractiva y
provechosa. La lectura buena es como la linterna que llega a la oscuridad de mi
cabeza y hace huir todas las alimañas de los malos pensamientos. Y ninguna
lectura será jamás tan provechosa como la Santa Biblia, porque allí es Dios
mismo quien habla sabiamente a mi inteligencia.
7. Esta es el arma más poderosa
para ganarse a los demás: Amarlos.
Si no amo seré un simple
mercachifle. Pero amo a los otros, nadie podrá defenderse de la enorme
influencia de mi presencia. Podrán no aprobar mis recomendaciones, pero si lo
amo ganare sus corazones y ese es el gran secreto. Amare al Sol porque me da
calor y a la lluvia por hace producir frutos de la tierra. Cuando sienta la tentación de criticar me
morderé la lengua. Y cuando sienta el deseo de elogiar lo proclamare
a los cuatro vientos. Amare a los pobres porque son hijos de nuestro Padre que
es Dios. Amare a los duros y agrios porque nadie tiene tanta necesidad de ser
amado como el que no es capaz de demostrar cariño. De ahora en adelante no tengo tiempo para odiar
ni para recordar ofensas. Solo tengo
tiempo, para amar y para recordar cualidades de los otros. Si amo, influiré
enormemente en los demás. Sino amo seré solamente como una lata que resuena. Me amare a mí mismo,
porque soy mi primer prójimo. Y como me amo mucho, tratare de
alimentarme cada día con oración, con lecturas y con meditación, para que mi
espíritu sea cada vez más noble y generoso. Y pediré a Dios que aumente mi amor. Porque
este es un Don del cielo, que solamente se concede a quien lo pide muchas
veces.
8. Si quiero tener éxito tengo que: no cansarme de tratar
de conseguirlo. Un toro
bravo demuestra cuanto es su valor según las veces que se atreve a cornear al
rejoneador que lo pincha con la lanza. Soy un León y no un cobarde conejo. Los
que quieran salir corriendo que lo hagan y y fracasen. Pero yo corneare en
busca del éxito aunque me pinchen las derrotas y los sufrimientos. Los premios se
encuentran al final de la competición y no al principio. La copa del
vencedor se gana después de mucho cansarse, sudar y sufrir. Si después de mil
pasos sigo fracasando daré un paso más, Porque El éxito puede estar escondido ahí a la
siguiente vuelta del camino. Jamás sabré cuan cerca estoy del éxito
si no doy unos pasos más hasta la próxima curva del camino. Siempre daré un
paso más. Si este no es suficiente, daré otro y otro. U paso no cuesta mucho.
No me cansare de buscar el éxito, porque para mí fue hecho y tengo que
alcanzarlo. Cada esfuerzo mío es como un golpe de hacha al poderoso roble. Cada
golpe ni siquiera lo hace temblar, pero entre todos unidos termina derribando. Mi esfuerzo de hoy es una gotica de agua que cae sobre una
montaña, Casi no se nota. Pero una y otra y otra… y se llevan la montaña. Mi
esfuerzo es la pequeña hormiga que muerde el gran cuerpo del león caído.
Después de muchos viajes se habrá llevado -a pedacitos- el león entero. Seré
como un esclavo que construye la gran pirámide o el obrero que pone ladrillo
sobre ladrillo y termina construyendo u rascacielos. Yo sé que mis pequeños
intentos por triunfar terminaran echando a un lado cualquier obstáculos por
grande que sea, y construyendo el gran edificio de mis triunfos.

