24. El segundo
Elemento: SENTIR
UN DESEO INSISTENTE, DESEAR CON GRAN VEHEMENCIA.
El grado de altura al cual
logremos llegar en la consecución de nuestro ideal lo decide después de la
ayuda de Dios, la intensidad con que deseamos obtenerlo. El deseo es la fuerza
que nos permite caminar en busca de los objetivos.
Recordemos lo que es anhelo. Anhelo es querer, desear algo pero con mucha intensidad. Y eso es lo que nos hace falta
para triunfar.
Claro está que a veces, sobre
todo en ratos de cansancio o de tristeza, dejamos de querer o desear
intensamente. Pero hay que volver luego a prender fuego a la llama del buen
deseo. Ya que nos propusimos un Ideal preciso, claro, dediquémonos ahora a
quererlo, a desearlo con verdadera pasión.
El deseo vehemente
y enérgico hace mucho más fácil la
consecución del Ideal. Detrás de
cada triunfo de las personas bien realizadas hay probablemente una poderosa
fuerza de deseo que las llevó a triunfar. Son pocos los grandes triunfos que se
obtienen sin haberlos deseado fuertemente.
