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LA CARTA A GARCÍA. “El que vive en las alturas”





28.  LA CARTA A GARCÍA.


Nota: García es un nombre vasco que significa; “El que vive en las alturas”  (Garc = Altura).

¿Ha oído Usted, hablar de La famosísima: “CARTA A GARCÍA”?

Tiene unas de las páginas modernas más populares y difundidas en el mundo. Antes de que la lea conviene que recuerde la historia de tan curioso “Mensaje”.

Fue escrita por un norteamericano, el día 22 de febrero de 1889, aniversario del nacimiento de Jorge Washington.

El único fin que se propuso su autor al redactarla fue excitar a los inactivos y pesimistas a dedicarse con todo el entusiasmo posible a la acción. Sin contentarse con hacer únicamente aquello que se le paga, o que es muy fácil hacer.

La idea creadora de esta carta brotó de los labios de su hijo Bert, quien al final del almuerzo, mientras comentaba la guerra de la Independencia de Cuba, exclamó: “El verdadero héroe de esta guerra fue el que le llevo la Carta a García”.

“Si – Comentó el jovencito- porque aquel hombre Rowan fue quien en la hora oportuna, decisiva, culminante, llevo a García, el Jefe de los Patriotas, la carta que lo iba a llevar al triunfo. Sin esta carta quizás la Independencia no se habría logrado.

Esta frase iluminó como un rayo la imaginación del escritor: “Si –exclamo- el joven tiene razón. El héroe es siempre aquel que en cada momento ejecuta con precisión y entusiasmo lo que tiene que hacer.  El que lleva la carta a García”, Corrió a su escritorio y de un tirón escribió su famosa CARTA A GARCÍA, y la envío a la revista “Philistine”.

En la revista no le dieron gran importancia y hasta la publicaron sin encabezamiento  ni título.

Pero en el mismo día y en los días siguientes empezaron a llover pedidos de aquel ejemplar de la revista. Uno pedía una docena, otro 50, otro 100 ejemplares. Hasta que llego una carta de la revista Norteamericana “Americans News”, pidiendo 1.000 mil ejemplares de aquella edición de la revista. El Editor pregunta a uno de sus ayudantes que es lo que en ese número de la revista levanta tanta polvareda y con asombro oye la respuesta; “Ese artículo es acerca de LA CARTA A GARCIA”.   

A la semana siguiente el escritor recibe un telegrama de Nueva York: “Dame el precio de 100.000  Cien Mil ejemplares del articulo LA CARTA A GARCIA, publicándolo en forma de folleto, con una propaganda en la portada al Expreso Empire State, e infórmame cuando pueden empezar a entregarlos.

Cien mil ejemplares era una cantidad muy grande para 1899. Pero se imprimieron. Y no solo esos sino que un año después ya se editaron otros quinientos mil y luego un millón de ejemplares.
A los dos años La Carta a García había sido publicada ya en más de 200 revistas, y traducida a los 40 idiomas más importantes del mundo.

En aquel tiempo llegó a Estado Unidos el Príncipe Kilakof, Director de los ferrocarriles rusos, y al ver que en toda la nación encontraba el folleto de la Carta a García la hizo traducir al ruso y al volver a su patria el mando distribuir a todos los empleados de los ferrocarriles rusos.

La Carta pasó luego a Alemania, Francia, España, Turquía, Indostán y China, encontrando en todas partes gran aceptación.

Vino luego a principios del siglo la guerra Ruso-Japonesa y gran cantidad de soldados rusos iban al frente llevando en su morral le celebre Carta. Al encontrar los japoneses el folleto en poder de tantos prisioneros, concluyeron que debería ser algo excelente y admirable y lo tradujeron a su idioma. A los pocos meses, por orden del emperador, la Carta a García era enviada a los empleados oficiales de todo el país.

Las estadísticas cuentan hasta hoy más de 44 millones de ejemplares de la CARTA A GARCÍA, impresos y difundidos. Pocos escritos han logrado un éxito tan formidable.
Ahora si, después de tan interesantes datos lo invitamos a leerla con atención.


LA CARTA A GARCÍA


   

Hubo un hombre cuya actuación en la guerra de Independencia de Cuba brilla en mi memoria como el sol en su pleno esplendor.
Sucedió que en aquella guerra, cuando los Estados Unidos decidieron intervenir a favor de los rebeldes cubanos, se vio muy clara la necesidad de un entendimiento inmediato entre 

El Presidente Norteamericano y el jefe de los patriotas el General Calixto García. ¿Pero cómo hacerlo? Hallábase García en esos momentos, Dios sabe dónde, en alguna tenebrosa montaña escondida en el interior de la isla. Y era absolutamente necesario ponerse en comunicación con él para organizar los planes de ataque y de defensa. ¿Pero cómo hacer llegar a sus manos un despacho?

¿Qué Hacer?  Alguien dijo al Presidente: “Conozco a un Hombre llamado Rowan. Si alguna persona en el mundo es capaz de dar con García es él: “Rowan”.
Llaman a Rowan. Le piden que vaya en busca de García, esté donde esté, y que a costa de cualquier sacrificio, le haga llegar esa carta importantísima.

Rowan toma la carta. La guarda bien escondida en un bolsillo interior. A los cuatro días desembarca en las costas de Cuba que está en poder de los españoles. Desaparece en la selva tenebrosa, para aparecer de nuevo a las tres semanas al otro extremo de la isla, cruzando un territorio sembrado de peligros y donde pululan los enemigos por doquier, y entrega la Carta a García. Los dos frentes coordinan acciones y se gana la guerra.

¿Cómo logró llegar hasta donde estaba el destinatario de su carta? Es algo interesante que merecería escribir una novela al respecto. Pero tengo interés en describir aquí el modo como esto sucedió. El punto sobre el cual quiero llamar la atención es este: 

“El Jefe da a Rowan una Carta para que la lleve a García. Rowan toma la carta y no pregunta: pero ¿Dónde podré encontrar al tal García? ¿Por dónde me voy a ir?, ¿Esto será Facil? ¿No traerá peligros este oficio? ¿Y porque yo y no otro?”. Nada de esto pregunta ni comenta. Se va sin más a cumplir lo que se le ha encomendado.

¡Por Dios, amigo! Que estamos aquí ante un hombre cuya estatua debería ser hecha en mármol o en bronce y colocada en la portada de muchos institutos donde se enseña a la gente a adquirir personalidad! Porque lo que lo que debe enseñarse a la gente que desea adquirir un verdadero carácter es: como hay que cumplir cada vez lo más exactamente posible el deber que tenemos que hacer, y como encontrar todas nuestra energías para lograr nuestros objetivos, y lograr dedicarnos con toda el alma a la acción, a “Llevar la Carta a García”.

El General García ya murió. Pero siguen viviendo muchos García en este mundo. Son todos los que necesitan de nuestros esfuerzos y de nuestro optimismo y valentía para obrar.

¡Que desánimo y desaliento sienten los hombres de empresa que necesitan colaboración de gente entusiasta, y se quedan estupefactos ante la pereza, la falta de espíritu de sacrificio y de iniciativa, de energía y de perseverancia de sus colaboradores, para llevar a término la ejecución de las tareas que cada uno debe cumplir!

Por todas partes se ve flotar la chabacanería, la desatención culpable, la despreocupación, la indiferencia. Esta parece ser la regla general en el obrar de muchas personas. Muchos empleados cumplen tan descuidadamente sus deberes que si fueran soldados en una guerra ya los habrían fusilado por desertores.

Sin embargo no se puede obtener éxito en una empresa si no se logra que los subalternos y los que mandan se dediquen con ardor a cumplir cada uno de sus propios deberes. De lo contrario se necesitaría un verdadero milagro de Dios, pero Dios cuando llega ayudar, lo primero que exige es que cada uno esté haciendo con entusiasmo y esmero lo que tiene que hacer.

Amable lector: ¿Quiere poner a prueba lo que estoy afirmando? Para saber si es cierta o no la afirmación de que si el progreso no nos llega es porque no se encuentran personas dispuestas a cumplir sus deberes con entusiasmo y hasta con sacrificio. Llame a uno de sus colaboradores y dígale: “Consulte en la enciclopedia y hágame el favor de sacarme un resumen de la biografía de Correggio”.

¿Cree usted, que su ayudante le dirá; “¿Si señor, por supuesto, ahora mismo”  y se irá enseguida a empezar el resumen y la biografía.

Pues probablemente no. Le echara a Usted, una mirada vaga y empezará a preguntarle: ¿Quién era él – En que enciclopedia busco eso?

¿Pero es que ese oficio no me corresponde hacerlo a mí? –Yo creo que Carlos está más capacitado que yo para hacer ese trabajo.
¿Necesita de urgencia ese escrito, o lo podemos dejar para la semana entrante?

¿Quiere que le traiga el libro y saca Usted mismo el resumen?
Hay muchas probabilidades de que después de haberle Ud. Respondido todas estas preguntas, su prodigioso ayudante se retirara y buscara a otro empleado para que se encargue de llevar aquella “Carta a García”, y regresará luego a informarle que no existe por allí cerca ningún valiente que quiera encargarse de tal oficio.

Casi le apuesto a que así va a suceder. Pueda ser que yo pierda mi apuesta, pero si las leyes de los promedios no fallan, probablemente no la voy a perder. Si Usted no quiere complicarse la vida, no va a perder más tiempo explicándole al otro que Correggio se busca en la C y no en la K, y otros detalles más, sino que se sonreirá y suavemente le dirá: "Dejemos eso”, y buscará Usted personalmente lo que deseaba y hará por su cuenta el resumen de la biografía.

Y esa incapacidad para la acción  independiente, para la iniciativa personal,  este no hacer trabajar la propia inteligencia, esa flojedad de voluntad, esta desgana impresionante para resolver por sí mismo los obstáculos, es lo que retarda el bienestar colectivo en la sociedad y no deja a los individuos llegar al éxito. Si ni siquiera cuando se trata de conseguir provechos personales la gente está dispuesta a buscar soluciones y a derrochar energías y tiempo para obtener las soluciones, ¿Qué será cuando se trata de conseguir éxitos para su empresa o nación.

Que lastima que a muchos lo único que los hace trabajar sea la mirada amenazadora y la voz tormentosa del capataz o del supervisor del grupo. Parecen haber olvidado la consigna bíblica: “Que el que trabaja en servicio de otros no haga su oficio solo porque lo están viendo o por lo que puedan opinar las personas, sino con todo el corazón, porque quieren tener contento a Dios” (Colosenses 3:22).

Me decía el jefe de una gran oficina: ¿Vea ese contador? Es un gran matemático. “Pero si lo envío a cualquier agencia, por el camino se entra a una cantina y se emborracha”. ¿Cómo podrá encomendarse a un individuo semejante, la Carta a García?

En los últimos tiempos se oye hablar continuamente de los explotadores, Que fulano se hizo rico porque explotó a los demás…Puede ser, pero lo que nos explican es que ese señor no tuvo miedo de llevar su Carta a García. Que no tuvo miedo a levantarse a las cinco de la mañana a trabajar hasta tarde de la noche. Que los fines de semana en vez de irse para la cantina se fueron a hacer planes de progreso o a perfeccionar sus conocimientos. Que mientras los otros charlaban él trabajaba. Que mientras los demás dormían, el echaba buscando soluciones. Por eso triunfaron porque supieron lanzarse a la acción sin miedo a la pereza. Porque en vez de echar a una alcantarilla la Carta a García y dedicarse a buscar excusas, se lanzaron con toda el alma a buscar fórmulas para triunfar y como “Todo el que busca encuentra”, encontraron las fórmulas y practicándolas consiguieron el triunfo.


¡NOTICIA IMPORTANTE!
Tengamos un Gran Ideal; Cultivemos.
Preparémonos para obtenerlo.
Y tarde y temprano, si tenemos constancia, Dios suscitará una circunstancia tal vez imprevista y que parecía poco probable, que hará explotar la chispa de la gran ocasión;
Y entonces obtendremos nuestro Ideal.

(San Juan Bosco).

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