21. EN LOS MOMENTOS DE ANGUSTIA Y DE DESASTRE INVOCARÉ A MI DIOS.
La Naturaleza no habría puesto en cada en uno de nosotros ese secreto instinto de clamar pidiendo ayuda al cielo, sino hubiera un poder superior escuchando atentamente y dispuesto para acudir prontamente en nuestro socorro. Pero mis clamores no serán pidiendo ayudas materiales, también éstas las podemos pedir si convienen al espíritu, pues tenemos la Divina Promesa: “Todo lo que pidáis con Fe lo conseguiréis”. Todo. También lo material sino hace daño a nuestro espíritu. Pero mi clamor principal será pidiendo a Dios que me dirija, que me ilumine lo que debo hacer, decir y evitar. Nunca oraré pidiendo cosas materiales solamente. No es sólo dinero, o amor, buena salud o fama lo que necesito. Es sobre el sublime Don de la Sabiduría. Lo que el Rey Salomón pidió a Dios y tanto agradó a la Divinidad: -Pídeme lo que quieras, le dijo el señor. Y Salomón respondió: “Dadme una gran Sabiduría para que sepa tratar bien a los demás”. Y Dios le respondió: “Porque no me pediste oro, ni plata, ni placeres, ni fama, sino Sabiduría para guiarte bien en el trato con los demás, te voy a dar una Sabiduría como nunca nadie la ha tenido hasta hoy. Y además te regalaré todos los bienes materiales que necesites y mucho más”.
¡ORARÉ PIDIENDO DIRECTIVAS Y ORIENTACIÓN!
Oraré de esta manera: “Oh creador de todas las cosas: voy hacia el éxito por un camino lleno de dificultades y un mundo lleno de peligros. Necesito que tu mano me lleve y tu voz me vaya guiando. Si tú eres mi pastor, no temeré aunque tenga que atravesar valles oscuros, porque tu cayado protector me defenderá”. No te pido lujos, ni vanidades, pero Te suplico que yo adquiera la habilidad que mi profesión requiera, para que, sepa aprovechar hasta el máximo todas las oportunidades de triunfo que tú has puesto en mi camino. Tú has enseñado al León y al águila como aprovechar las oportunidades y no dejar escapar la presa. Tú has enseñado al zorro y al ratón como huir de los peligros que podían llevarlos al desastre.
Enséñame a no dejar huir ninguna ocasión de tener éxitos en mis labores, Pon en mis labios las palabras apropiadas, agradables y eficaces que atraigan para mis empresas y labores los corazones de los demás. Pon en mi inteligencia la prudencia que me lleve a evitar todos aquellos pasos que me puedan llevar al abismo y a las garras del fracaso. Ayúdame a permanecer humilde y valiente en los obstáculos y fracasos, pero no dejes nunca de recordarme los grandes triunfos que tienes reservados para los que confían en tu bondad y en tu poder. Abre mis labios para decir palabras que animen y llenen de alegría la vida de los demás. Y ciérralos con siete sellos cuando quieran proferir insultos y maldiciones o traten de esparcir chismes o murmuraciones.
Enséñame a practicar y repasar la ley de los promedios. (O sea ¿Cuántas veces de cada diez he triunfado en tal o cual cosa? ¿Cuántas veces de cada diez he fracasado en tal o cual asunto?). Para que adquiera un corazón prudente y no vea solo fracasos donde también he cosechado muchos triunfos, ni me encapriche en seguir por caminos y ocasiones que ya me han demostrado ser fatales.
Fortalece mi voluntad para que aprenda a no cansarme nunca, y ano pronunciar jamás la frase paralizadora que a tantos detuvo cuando ya iban a alcanzar el éxito “Es inútil insistir”. Dame la gracia de insistir e insistir como la madre que te pedía la curación para su hija y al final la obtuvo. Como la gota de agua que cae día tras día sobre la roca y al final la logra atravesar.
Lléname de buenas costumbres y haz que las costumbres malas que he adquirido se muestren pronto en mí. Sin embargo concédeme compasión para con los demás porque dejar de ser malos y hacerse buenos es algo mil veces más complicado de lo que me había imaginado. Y en los momentos duros recuérdame: “Esto También Pasará”. Y hoy y siempre enséñame a recordar tus innumerables bendiciones y favores, Haz que cada día haga yo una lista de las razones que tengo para ser feliz y bendecirte. Con eso ensancharás mi corazón y darás nobleza a mi carácter y alegría a todo mi existir.
¡CONCÉDEME OH DIOS QUE YO LLEGUE A SER TODO AQUELLO QUE TIENES PLANEADO QUE YO SEA!
Que aquella personalidad agradable y poderosa que en tu inteligencia has deseado que yo llegue a poseer, la logre yo muy pronto conseguir. Amen.
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¡QUIEN SABE DOMINARSE, VALE MÁS QUE QUIEN DOMINA UNA CIUDAD!
(S. BIBLIA. PROV. 16)